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Pátzcuaro, situada en un bosque y a la orilla de un lago, es la capital de la utopía. Aquí, Vasco de Quiroga fundó un mundo nuevo, pues no se limitó a evangelizar y defender a los indios sino que construyó escuelas, hospitales y enseñó los oficios que todavía ejercen los artesanos de la zona.

De la utopía fundada por Quiroga quedan para el paseante tres elementos básicos: el paisaje montañoso de pinos, oyameles y juníperos que sigue siendo el mismo alrededor del lago, así como las aves y los peces que lo habitan; los pequeños poblados de madera, adobe y teja en los que sobresalen algunas de las iglesias y conventos más antiguos del país; y las artesanías características de cada comunidad: lacas y plata, alfarería, talla en madera, trabajo en cobre, laudería y textiles.

Así, su estancia en Pátzcuaro será ocasión de recorrer calles empinadas y apacibles plazas; de paladear su tradicional comida; de escuchar sus leyendas y la dulce música de las pirecuas o de la propia lengua de los tarascos; además, podrá practicar la pesca. La fiesta más importante es el 1 y 2 de noviembre, días de muertos, cuando los pescadores atraviesan el lago hacia la isla de Janitzio en sus canoas con velas encendidas. Muy cerca encontrará lugares de impresionante belleza natural como Uruapan o la cascada Tzaráracua y, un poco más allá, la zona cubierta por la erupción del Paricutín.

Esta zona fue asiento de los purépechas cuyo vestigio arqueológico más importante son las “yácatas” de Tzintzuntzan. En 1533, don Vasco, tuvo tal éxito al atender el descontento de los indios ante los excesos de los españoles, que años después fue investido como obispo instalándose en Pátzcuaro, desde donde desarrolló una intensa labor social que lo enfrentó con las autoridades y el propio clero a los que resistió apoyado por Carlos V. Tras su muerte en 1565, la región perdió importancia ante Morelia. Fue hasta después de la Revolución, cuando los indígenas volvieron a ser atendidos, que se revaloró el trabajo artesanal que hacen desde siglos en estos pueblos.

A 56 km de Morelia y a 2140 msnm, Pátzcuaro es centro de un sistema de pueblos que bordean el lago del mismo nombre, que con sus 130 km2, tiene una de las cuencas más hermosas del país.